¿Cuántas veces te ha pasado que encuentras una prenda que te encanta, pero al probártela descubres que las tallas disponibles simplemente no se acomodan a tu cuerpo?
Quizá te queda bien de la cintura, pero demasiado ajustada de la cadera. Tal vez los hombros se sienten cómodos, pero las mangas son muy largas. O puede que la talla que normalmente usas esta vez no cierre, mientras que la siguiente te queda demasiado grande en otras partes.
Y aunque podría parecer un inconveniente pequeño, vivirlo constantemente puede ser agotador.
Porque no se trata únicamente de tener que mandar a ajustar una prenda o intentar modificarla en casa. También está esa sensación incómoda de entrar a un probador con ilusión y salir preguntándote qué hay de malo contigo, cuando en realidad no hay absolutamente nada malo en tu cuerpo.
Nos hemos acostumbrado tanto a que la ropa se fabrique con medidas estandarizadas que, muchas veces, terminamos creyendo que somos nosotros quienes tenemos que cambiar para poder usarla. Nos repetimos que debemos bajar de peso, subirlo, disimular alguna parte o renunciar a ciertos cortes porque “no son para nuestro tipo de cuerpo”.
Pero los cuerpos no son estándares.
Dos personas pueden utilizar la misma talla y tener proporciones completamente distintas. Nuestro cuerpo también cambia con los años, con nuestras rutinas, con procesos personales, con el embarazo, con cuestiones hormonales o simplemente con la vida. Pretender que todas las personas encajemos perfectamente dentro de unas cuantas medidas resulta poco realista.
La ropa tendría que acompañarnos, permitirnos movernos, trabajar, caminar, sentarnos y habitar nuestro día con comodidad. No debería convertirse en una forma de castigo ni en un recordatorio constante de todas las características que supuestamente tendríamos que modificar.
Algo que creemos firmemente es que las prendas deben acomodarse a tu cuerpo y no tu cuerpo a las prendas.
También sabemos que encontrar ropa con la que te sientas cómoda, segura y verdaderamente tú puede llegar a ser complicado. Por eso, en TACTO comenzamos a realizar prendas a la medida. No porque exista un cuerpo “difícil” de vestir, sino porque cada cuerpo tiene proporciones, necesidades y formas diferentes.
A veces, una pequeña modificación puede transformar por completo la manera en la que se siente una prenda: ajustar un largo, ampliar una zona, reducir otra o adaptar el diseño para que acompañe mejor tus movimientos.
No se trata de corregir tu cuerpo.
Se trata de escuchar lo que necesitas y construir una prenda que lo respete.
Porque vestir también debería sentirse como un espacio seguro: un lugar en el que no tengas que esconderte, comprimirse o cambiarte para poder pertenecer.
La ropa debería adaptarse a ti, no al revés.
La ropa debería adaptarse a ti, no al revés
¿Cuántas veces te ha pasado que encuentras una prenda que te encanta, pero al probártela descubres que las tallas disponibles simplemente no se acomodan a tu cuerpo?
Quizá te queda bien de la cintura, pero demasiado ajustada de la cadera. Tal vez los hombros se sienten cómodos, pero las mangas son muy largas. O puede que la talla que normalmente usas esta vez no cierre, mientras que la siguiente te queda demasiado grande en otras partes.
Y aunque podría parecer un inconveniente pequeño, vivirlo constantemente puede ser agotador.
Porque no se trata únicamente de tener que mandar a ajustar una prenda o intentar modificarla en casa. También está esa sensación incómoda de entrar a un probador con ilusión y salir preguntándote qué hay de malo contigo, cuando en realidad no hay absolutamente nada malo en tu cuerpo.
Nos hemos acostumbrado tanto a que la ropa se fabrique con medidas estandarizadas que, muchas veces, terminamos creyendo que somos nosotros quienes tenemos que cambiar para poder usarla. Nos repetimos que debemos bajar de peso, subirlo, disimular alguna parte o renunciar a ciertos cortes porque “no son para nuestro tipo de cuerpo”.
Pero los cuerpos no son estándares.
Dos personas pueden utilizar la misma talla y tener proporciones completamente distintas. Nuestro cuerpo también cambia con los años, con nuestras rutinas, con procesos personales, con el embarazo, con cuestiones hormonales o simplemente con la vida. Pretender que todas las personas encajemos perfectamente dentro de unas cuantas medidas resulta poco realista.
La ropa tendría que acompañarnos, permitirnos movernos, trabajar, caminar, sentarnos y habitar nuestro día con comodidad. No debería convertirse en una forma de castigo ni en un recordatorio constante de todas las características que supuestamente tendríamos que modificar.
Algo que creemos firmemente es que las prendas deben acomodarse a tu cuerpo y no tu cuerpo a las prendas.
También sabemos que encontrar ropa con la que te sientas cómoda, segura y verdaderamente tú puede llegar a ser complicado. Por eso, en TACTO comenzamos a realizar prendas a la medida. No porque exista un cuerpo “difícil” de vestir, sino porque cada cuerpo tiene proporciones, necesidades y formas diferentes.
A veces, una pequeña modificación puede transformar por completo la manera en la que se siente una prenda: ajustar un largo, ampliar una zona, reducir otra o adaptar el diseño para que acompañe mejor tus movimientos.
No se trata de corregir tu cuerpo.
Se trata de escuchar lo que necesitas y construir una prenda que lo respete.
Porque vestir también debería sentirse como un espacio seguro: un lugar en el que no tengas que esconderte, comprimirse o cambiarte para poder pertenecer.
Te quiere, Cecy y Mau.